martes, 19 de noviembre de 2013

Validez y verdad

¡Hola compañeros!

El otro día hablé (más bien escribí) sobre un resurgimiento insólito del argumento ontológico en el panorama contemporáneo. Nadie podría pensar que un tema tan manido y tan típico de la filosofía sería repentinamente tratado y analizado por unos científicos. ¡Están locos estos romanos!

Sin embargo, en el curso de la discusión, surgió un tema que medio expliqué, pero del que no he quedado satisfecho del todo. Es el asunto de la validez de los argumentos y su verdad. Después de hacer alusión a eso me quedé con la mosca detrás de la oreja y decidí escribir una entrada enterita para este tema.

Cuando hablamos de validez y verdad hacemos referencia a argumentos lógicos. Es decir, nos referimos a la demostración lógica de ciertas frases (podemos llamarlas proposiciones) por medio de premisas que llevan a una conclusión. Uhm, percibo que alguno se ha quedado detrás con este salto que acabo de realizar así que creo que si ponemos un ejemplo lo vamos a entender mejor.

Pongamos las dos siguientes proposiciones como premisas de un argumento:

Premisa nº 1: Todos los blogs de filosofía son apasionantes.
Premisa nº 2: "Con efe de filosofía" es un blog de filosofía.

¿Cuál sería la conclusión lógica de este argumento? ¿Qué nueva proposición se deriva de las otras dos? Creo que todos estaríamos de acuerdo en que la siguiente proposición resulta la conclusión más obvia:

Conclusión"Con efe de filosofía" es apasionante.

Como vemos, los argumentos lógicos suelen presentarse de este modo, como premisas que conducen necesariamente a una conclusión (o a varias). Sé que este es un modo precario y muy aproximado de acercarse a la lógica pero, oh expertos lógicos, aspiro a vuestra indulgencia en mi exposición.

Bien. ¿A qué llamamos validez en un argumento? Al hecho de que la conclusión se siga de modo coherente y lógico de las premisas. Según el ejemplo anterior, estaríamos ante un argumento válido porque su conclusión se deriva necesariamente de las premisas. Sin embargo, la verdad de un argumento es una cosa bien diferente: la adecuación a la realidad de la conclusión de un argumento. Es decir, si la conclusión de un argumento se corresponde con la realidad, estaremos ante un argumento verdadero.

Resulta tentador (si me habéis seguido hasta aquí, cosa que empiezo a dudar) identificar validez con verdad pero en realidad son cosas bien diferentes. Un argumento puede ser válido pero falso. En el ejemplo anterior puede existir gente para la que este nuestro querido blog sea aburridísimo (improbable, lo sé, pero hay gente de todo tipo). Para ellos estre argumento sería válido pero falso.

El famoso philosoraptor, el auténtico presocrático

Del mismo modo, pueden existir argumentos totalmente inválidos cuyas conclusiones sean verdaderas. Veamos el siguiente ejemplo:

Premisa nº 1: Si ha caído un meteorito, entonces los dinosaurios se han extinguido.
Premisa nº 2: Los dinosaurios se han extinguido.

Por tanto...

Conclusión: Ha caído un meteorito.

¿Es este razonamiento válido o inválido? ¿Por qué? ¡Poned vuestras opiniones en los comentarios y no olvidéis suscribiros a la newsletter para enteraros antes que nadie de las novedades del blog!

¡Saludos filosóficos!


lunes, 11 de noviembre de 2013

El argumento ontológico: ¿más vivo que nunca?

¡Hola compañeros!

Hoy me siento obligado a escribir una entrada inusual. No resulta inusual el tema que vamos a tratar (del que ya hablamos en su momento) pero sí el porqué de que lo volvamos a traer a colación.

Resulta que hace unas semanas me topé mientras curioseaba por internet, la red de redes, con una noticia pintoresca que podemos revisar aquí. Para aquel que no quiera -sabiamente- pinchar en un enlace a una página desconocida le resumiré la noticia: básicamente nos dice que unos matemáticos han conseguido demostrar científicamente que Dios existe. ¡Nada más y nada menos! A través de un macbook y con unos simples algoritmos han conseguido demostrar algo que los filósofos llevan debatiendo siglos (¡o incluso milenios!). ¿Qué está pasando aquí? ¿Es esto posible? ¿Hemos sido los filósofos devorados por unos fanboys de Apple?

Como siempre, la cosa no resulta tan sencilla, así que revisemos los hechos. Hace unas décadas el lógico Kurt Gödel trató de llevar al terreno de la lógica el famosérrimo argumento ontológico de la existencia de Dios, el cual ya fue estudiado por nosotros aquí (siempre adelantándonos a la noticia, señores). Básicamente lo que hizo fue traducir a lenguaje lógico el argumento, para tratar de averiguar si es válido o no (es decir, si funciona o es un camelo). Gödel mismo no se interesó más por este tema, pero investigadores actuales han decidido poner a prueba esas fórmulas lógicas y comprobar si son válidas a base de cálculos lógicos (los detalles del funcionamiento de la lógica exceden por mucho las pretensiones de este blog) que realizaría un ordenador (el famoso Macbook).

Pues bien, resulta que los cálculos han demostrado sin lugar a dudas que la argumentación lógica que el señor Gödel había propuesto es correcta; por tanto, el argumento ontológico es lógicamente válido; por tanto, Dios existe.


La formulación lógica de Gödel: apasionante.

Este es el resumen de la cuestión. ¿Termina aquí la cosa? ¿Estamos ya todos obligados a admitir la existencia de Dios porque un ordenador así lo ha confirmado? En realidad, hay que considerar varios aspectos al analizar esta noticia.

a) Una argumentación lógica no es capaz de decirnos si lo que defiende es verdad o mentira. Solamente puede indicarnos si lo que sostiene es válido o inválido. Es decir, la lógica no busca la verdad, sino solamente la coherencia. Por tanto, si tú partes de premisas falsas pero la lógica interna es coherente, el argumento será válido, aunque resulte falso.

b) El argumento ontológico ha sido criticado por muchos filósofos no por ser inválido, sino por partir de premisas como poco cuestionables. Y no ha sido criticado por ateos solamente, sino que grandes doctores de la Iglesia (como santo Tomás de Aquino) han cuestionado la verdad de este argumento. En concreto, aunque no pretendo ahondar en ello, critican la premisa de que la existencia sea una perfección más (como ser sabio, o ser bueno).

¿Qué debemos concluir de todo esto? Pues que resulta estupendo que la ciencia abra su mente a cuestiones estrictamente filosoficas; nos ayuda a retomar temas largamente olvidados y nos renueva con ideas frescas viejos temas de discusión. No obstante, el argumento sigue en el candelero, pues un Macbook puede calcular más deprisa que nosotros y de modo más fiable una secuencia lógica, pero no nos puede confirmar si las premisas en las que se basa ese argumento son correctas y verdaderas.

Aunque para ser sinceros, nosotros llevamos siglos peleándonos por lo mismo.

¡Saludos filosóficos!

martes, 22 de octubre de 2013

El ambiguo estatuto del arte (o Arte, como queráis)

¡Hola compañeros!

Mi reciente viaje a Roma me ha hecho descubrir una maravillosa ciudad. Una ciudad literalmente maravillosa, pues está repleta de rincones mágicos y objetos de lo más variados que te hacen estar en contacto permanente con la belleza (o Belleza, como queráis). Todo el arte que está despeglado contribuye a rodear tus sentidos y tu imaginación, embargándote de una sensación de eternidad y, a la vez, de una fugacidad aplastantes. Todo esto me ha llevado a pensar en el arte y su extraña naturaleza: ¿qué es el arte?, ¿qué busca el arte?, ¿por qué llevamos a cabo obras de arte?

Al fin y al cabo el arte ha sido algo que ha acompañado al ser humano desde el inicio de los tiempos. Desde que en unas cavernas oscuras y lúgubres unas personas decidieron estampar sus manos en las paredes y pintarlas, o desde que se pusieron a pintar animales y escenas de caza (con una pericia bastante considerable, echadle un ojo a esto) sin ningún fin evidente de supervivencia o biológico. Podemos afirmar que está con nosotros mucho antes de que la ciencia o la filosofía dieran sus primeros pasos. Y sin embargo, no resulta claro cuál es el impulso que nos lleva a hacer arte, cuál es la finalidad que perseguimos con ello: ¿qué quieren los artistas?

Otra actividad práctica del ser humano es fabricar instrumentos. En un sentido amplio, los instrumentos son aquello que nos permite adaptarnos al medio. Los instrumentos definen de modo muy especial nuestra relación con el medio y nos ayudan a sobrevivir y prosperar (pensemos en lo complicada y limitada que sería una existencia sin ruedas). Pero por ese mismo motivo sabemos exactamente qué busca el que fabrica un instrumento (otra cosa es que consiga su propósito): utilidad. La utilidad es lo que dicta la conveniencia o no de esos instrumentos que hemos construido.

Pero, ¿qué busca el arte? Desde luego resulta un poco complicado asimilar la práctica artística a la práctica de la fabricación de instrumentos; no creo que nadie sostenga seriamente la utilidad de un soneto de Quevedo. Podemos sospechar con bastante certeza que él no buscaba que su soneto fuera útil. Entonces, ¿para qué sirve el arte?

Algunos de vosotros, los más intuitivos, seguramente diréis que en realidad el arte está buscando la belleza, no la utilidad. Las diferentes artes buscan la belleza de diferentes maneras; tal es su complejidad que no basta un arte, y ni siquiera una sola corriente artística, sino que tratamos de acercarnos a esa gran ilusión, ese gran espejismo, que es la belleza: más cercana cuanto más lejana, más ajena cuanto más accesible.

Estoy parcialmente de acuerdo con esto pero creo que los artistas no siempre buscan la belleza. No siempre buscan un breve guiño de esa esquiva diosa. No. Buscan comunicar algo. Buscan transmitirnos algo que no podrían decir con el lenguaje ordinario. Buscan hablar lo inefable, aquello que se resiste a ser analizado, estructurado, deducido: estudiado. El arte nos pone en contacto con una parte de nosotros que no es susceptible de caer bajo un espectro puramente racional, pero al mismo tiempo tampoco es siempre irracional. Nos dice cosas de nosotros mismos que no sospechábamos; nos ayuda a conocernos, nos libera de miedos y nos transmite alegrías. No es una pura transmisión de sentimientos pero a la vez nos permite llorar y reír con él. No transmite ideas definidas y compactas, pero nos hace reflexionar sobre el valor de las nuestras. No es moral, pero nos susurra valores al oído...

Quizá nos valga la indignación de aquel poeta que, preguntado por lo que significaba su poema, replicó airado que cómo iba a explicar un poema, si precisamente el poema sugería aquello que no era capaz de explicar...

¡Saludos filosóficos!


lunes, 30 de septiembre de 2013

(Parte II) ¿Es la ciencia un conocimiento infalible?: el problema de la inducción

¡Hola compañeros!

Nos quedábamos el otro día con la mosca detrás de la oreja. ¿Qué puede haber que amenace el poder hegemónico de la ciencia? ¿Qué pequeña miseria filosófica va a venir a aguarnos la fiesta? En realidad, no han sido tanto los filósofos como los propios científicos y estudiosos de la ciencia los que han encontrado un serio problema en el método que sigue la ciencia para encontrar verdades. Ese no es otro que el problema de la inducción. Sin embargo, para entender el problema primero hay que entender qué es la inducción y en qué consiste.

La inducción es un procedimiento lógico que seguimos los seres humanos, el cual nos permite encontrar verdades en el mundo que nos rodea. Frecuentemente se opone a la deducción, pero no explicaremos la deducción aquí. ¿Cómo funciona la inducción? En realidad es muy sencilla de entender. Imaginad que estáis en un colegio y observáis que todos los alumnos llevan una camisa blanca. Todos, sin excepción, llevan camisa blanca. ¿Qué conclusión lógica podríais extraer de ahí? Pues, por ejemplo, que el uniforme del colegio incluye la obligación de llevar camisa blanca. Eso es una inducción: a partir de unos cuantos casos particulares (fulano, mengano y zutano llevan camisa blanca en el colegio), induzco una ley universal (en este colegio el uniforme incluye una camisa blanca). Esta es la manera a través de la cual ha procedido históricamente la ciencia en muchas ocasiones. Los experimentos no son más que una manera de poner a prueba inductivamente las hipótesis que barajamos ("he realizado 200 experimentos y todos dan positivo, así que puedo inducir que mi hipótesis es correcta, pues se cumple en todos y cada uno de ellos"). ¿Me seguís? ¡Bien!

A primera vista parece una manera muy correcta y prudente de proceder, pues nos aseguramos experimentalmente de que no haya excepciones e irregularidades. Sin embargo, la inducción como método plantea algunos problemas bastante serios.

a) En primer lugar, por mucho que hayamos comprobado casos que prueben nuestra teoría, nada garantiza que en el futuro siga siendo así. El empirista radical Hume afirmaba incluso que aunque durante todos los días de la historia el sol haya salido por la mañana, nada asegura que en el futuro sea así necesariamente. Desde luego existe una probabilidad alta, pero no una certeza absoluta. Yo he estado vivo durante todos los días de mi vida, pero eso no quiere decir que siga siendo así eternamente. En la Edad Media se ponía el ejemplo de los cisnes negros como algo que nunca nadie va a ver porque siempre se han visto cisnes blancos; más tarde, se descubrió en el siglo XVII que había cisnes negros en Australia. Es decir, ni todas las observaciones que habían tenido lugar en el mundo a lo largo de la historia podían garantizar que en el futuro no se fueran a ver cisnes negros.

b) Además, la inducción es un razonamiento circular. ¿Por qué defienden los inductivistas esta manera de razonar? "Porque", dicen ellos, "siempre ha funcionado." Aaaaah, pero eso es trampa. Eso no vale. Peeeeeeero esta vez voy a dejar que seais vosotros los que expongáis en los comentarios por qué este es un razonamiento tramposo e inválido, ¡a ver quién se lleva el premio (que no hay)! Si alguien quiere la solución concreta puede mandarme un privado por Twitter (@conefedefilosof) y le responderé encantado.

Así pues, y para ir terminando, la ciencia se plantea un problema serio de cara a cuál es el método que debe seguir para probar sus hipótesis e investigar el mundo. De hecho, este es un problema al que se enfrenta todavía hoy y que no ha sido cerrado en absoluto. Al fin y al cabo, siempre han sido los experimentos lo que han diferenciado a la ciencia de la filosofía. ¿Será que no son tan diferentes, después de todo?

¡Saludos filosóficos!

lunes, 23 de septiembre de 2013

(Parte I) ¿Es la ciencia un conocimiento infalible?

¡Hola compañeros!

Aaaah, la vuelta al cole. La vuelta de las vacaciones. Las sonrisas, los gritos, las carreras, las miradas aburridas, los lloros, etc. Casi podría decir que lo echaba de menos (¡casi!) pero lo que esto trae consigo es mi vuelta al blog: mi vuelta a los rediles de la filosofía y la divulgación.

Llevo tiempo dándole vueltas a este tema en concreto y me resulta difícil abordarlo, pues, por un lado, es fácil malinterpretar mi mensaje y, por otro, también es complicado exponer temas un poco abstractos de modo divulgativo y sencillo. No obstante, ¡tengo fe en mis capacidades! ¿Quién no quiere un poco de reto en el blog? Si encontramos que lo que cuento es complicado hacédmelo saber en los comentarios y trataré de editar la entrada para hacer todo más accesible a los lectores más exigentes.

Lo primero que quiero dejar claro es que, aunque el título y el contenido de la entrada pueden sugerir lo contrario, albergo un profundo sentimiento de respeto por la ciencia. La ciencia ha hecho cosas imposibles e impensables con nuestra vida diaria. Desde la comunicación, los viajes, la salud, el entretenimiento, etc., nada ha escapado al progreso tecnológico que la ciencia nos ha procurado. Habrá quienes, escépticos ante las posibilidades de la ciencia, planteen que también la ciencia ha producido mucho mal y destrucción. Eso es muy cierto, pero no debemos olvidar que eso no habla tan mal de la ciencia como de nosotros, los seres humanos, que la utilizamos para amplificar un mal y una destrucción que ya estaban antes de que la ciencia llegara.

En cualquier caso, creo que todos podemos estar de acuerdo en que la vida es más fácil hoy en día gracias a la ciencia y a la tecnología que ella produce. El mero hecho de que me leáis por internet a través de un ordenador o una tableta o un teléfono ya nos muestra hasta qué punto hemos llegado a un punto sin retorno. Incluso aquellos que abogan por una vuelta a un estilo de vida más sencillo o más ecologista tienen página web y perfil de facebook (¡!). Resumiendo, no hay vuelta atrás.

Esto ha provocado que mucha gente tenga la sensación de que, en último término, solamente la ciencia puede proveernos de respuestas exactas y precisas sobre la realidad. Ni la filosofía ni la religión, creen algunos, puede ayudarnos en la vida, pues sus respuestas son, como mucho, variables (¿qué filosofía es la correcta?, ¿qué religión está en lo cierto?). Sin embargo, ¡oh sin embargo!, la ciencia es única, monolítica, sin fisuras. Todos los científicos están de acuerdo y todas las discrepancias son rápidamente borradas en cuanto cualquier evidencia experimental aparece. Basta con ponerle a cualquier producto la estampa "comprobado científicamente" para que toda posibilidad de discusión al respecto desaparezca. Esto es algo que vemos todos los días en la publicidad (pensad por ejemplo en los anuncios de dentífricos, con todos esos actores con batas blancas científicas).

¿Es esto así? ¿Es la ciencia un conocimiento tan seguro y fiable? Sobre todo, ¿es verdad que no hay discrepancias dentro de la propia ciencia? Es más, ¿qué significa que un conocimiento es científico? Como veis las preguntas son complejas, numerosas y un poco filosóficas (en el peor sentido de la palabra). Esta entrada ya se está poniendo un poco extensa así que empezaremos a intentar abordar el problema en la siguiente. Hoy lo hemos planteado, veamos que podemos sacar en claro de todo esto.

Y una cosa... ¡es muy agradable estar de vuelta!

¡Saludos filosóficos!