¡Hola compañeros!
Soy tutor del curso de bachillerato de ciencias sociales. Eso significa que mi grupo de chicos conforma lo que se ha llamado comúnmente un bachillerato "de letras", es decir, chicos que directamente no quieren-no son capaces de- meterse en un bachillerato de ciencias puras, por lo común de mayor nivel que el otro.
No vengo hoy a hablaros de mis cuitas y penas como tutor de un curso desmotivado y en cierto modo olvidado por la educación y por la sociedad. En efecto, la sensación que permea el ambiente es la de un grupo de chicos que no valen para nada más y que han terminado ahí de rebote, porque es más fácil o porque van a estudiar ADE y Derecho, como sus padres les recomiendan (después de todo, ¿qué otra salida sensata tiene un estudiante de ciencias sociales?)... ¡He dicho que no hablaré de esto (aunque ya lo haya hecho...).
Lo que me interesa es la interesante denominación "ciencias sociales". ¿Por qué exactamente las hemos llamado así? ¿Qué peligro tiene esta categorización de este conjunto de disciplinas? Bueno, para empezar podríamos analizar qué pensamientos e ideas nos evoca la ciencia: conocimiento, rigor, control, capacidad de predicción, infalibilidad, etc. Estas son cualidades sin duda muy positivas cuando nos referimos a células o a los átomos y moléculas de los que se compone la materia pero no tengo muy claro que resulten muy aplicables al campo de lo humano y social. Trataré de explicarme.
La ciencia es capaz de formular leyes. Es lo que le otorga ese aura mística y cuasirreligiosa. Mediante esas leyes es capaz de predecir cómo se comportarán diversas partículas/fenómenos/células en un entorno determinado y con unas constantes prefijadas. Así pues, resulta del todo admirable que seamos capaces de predecir con una exactitud casi milimétrica en qué lugar del asteroide va a aterrizar la sonda que hemos enviado desde la Tierra, así como la inclinación y la velocidad. Las ciencias hacen eso: predicen, controlan y manipulan el entorno para conseguir resultados según leyes ya dadas. Ahí radica su valor.
Sin embargo, es muy cuestionable que podamos actuar del mismo modo con el ser humano. No es tan fácil formular leyes en el entorno de la sociedad humana, aunque intentos no han faltado. Desde los experimentos dialécticos hegeliano-comunistas hasta la sociología de Comte, hemos tratado de embridar la libertad humana y nuestro comportamiento en leyes que nos permitan predecir nuestro propio comportamiento y, sobre todo, manipularlo y controlarlo. Un científico social, pues, es alguien que busca las leyes que gobiernan el funcionamiento social del ser humano; leyes que más tarde pueda aplicar para tratar de influir y controlar. En definitiva, dominar.
Pero eso es imposible. Seguir intentando legislar científicamente al ser humano se muestra una y otra vez como una tarea inviable, en el mejor de los casos, y peligrosa, en los demás. la libertad humana es un quehacer continuo, un salirse del molde, un rebasamiento de límites e imposiciones. Allí donde existe una ley también existe una excepción, y si no existe, se busca. El ser humano es un mal material científico, pero un gran material artístico. La plasticidad, la flexibilidad, la hermenéutica, la crítica y el valor de estético frente a la ley absoluta y anuladora. No deja de sonar ideológico eso de las ciencias sociales...
Sueno como un romántico, lo sé. Pero creo que firmemente que el bachillerato de ciencias sociales debería intentar cambiar su nombre. Llamarlo bachillerato de humanidades me gusta más aunque siempre queda la posibilidad de llamarlo "artes sociales". No lo sé, seguimos trabajando en ello, a pesar de que es posible que lo más adecuado sea denominarlo "bachillerato económico".
O simplemente "bachillerato cajón de sastre". ¿Qué opináis?
¡Saludos filosóficos!