lunes, 17 de septiembre de 2012

I) El problema del cambio

¡Hola compañeros!

Hemos hablado mucho del propósito de la filosofía, de la utilidad (o no) que tiene, de los traumas infantiles que pueblan nuestros sueños, etc. Hemos tratado muchos temas, pero os habréis dado cuenta de que no hemos penetrado realmente en las preguntas filosóficas, no hemos comenzado a esbozar ninguno de sus problemas fundamentales. Nos hemos limitado, en definitiva, a trazar unas finas -finísimas- líneas que delimitan  nuestra disciplina.

Ha llegado el momento, queridos compañeros de viaje, de emprender el primer paso hacia las profundidades filosóficas. Hasta ahora, por decirlo de algún modo, nos hemos comprado la mochila, hemos leído manuales de escalada, hemos adquirido una ropa capaz de resistir los más inclementes vientos. Pero ahora ha llegado la hora de escalar esta montaña. Habrá ratos de subida complicada, momentos de ladera más tranquilos, visiones incomparables y páramos yermos donde nada habrá que nos llame la atención. Si conseguimos superar esos retos estaremos en condiciones de coronar la cima, que no es otra que responder a esa gran pregunta kantiana "¿qué soy yo?" (os acordáis, ¿verdad?).

¡Vamos allá! Animado por vuestra presencia vamos a ponernos a analizar el primer gran problema de la historia de la filosofía: el problema del cambio.

Con el problema del cambio se inicia la filosofía. Es el primer problema que tratan, y ya empieza siendo uno bastante peliagudo. La pregunta que se hacen estos primeros filósofos es la siguiente: "¿cómo es posible que las cosas cambien?" Pensadlo. Que las cosas cambien no es tan sencillo de comprender racionalmente. Imaginemos un simple ejemplo: un papel ardiendo. Cuando vemos el papel arder observamos un proceso: ese papel se transforma en ceniza, donde antes había papel solamente queda ceniza. Sin embargo, estamos de acuerdo en que, obviamente, el papel no es ceniza. Papel y ceniza son, por tanto, cosas muy diferentes. Pues bien, la pregunta es ¿cómo es posible que el papel se transforme en ceniza? O dicho de otra manera, ¿cómo es posible que algo que existía -el papel- deje de existir y algo que no existía -la ceniza- comience a existir? ¿Tiene lugar una creación de la nada? ¿Cómo pueden surgir cosas de la nada? No sé si estoy explicando bien el problema: hay un instante en la combustión en el que no hay papel y todavía no hay ceniza, ¿qué está ocurriendo en ese momento? Es como si desapareciera el papel y apareciera la ceniza de la nada... Más que de transformación estaríamos hablando de sustitución. Uhm, parece una cuestión estúpida, pero ríos de tinta han corrido al respecto, y no podemos decir que hayan dejado de correr.

La respuesta general que dan estos primeros filósofos es bastante ingeniosa. Para ellos existe una materia primigenia de la que salen todas, un arjé (que significa principio en griego). Ocurre que esa materia no siempre se manifiesta de la misma manera, por eso las cosas parecen diferentes aunque en realidad todo sea lo mismo. Estos primeros filósofos, que llamaremos presocráticos, se diferenciarán en el arjé, pues para cada uno será una cosa distinta.

Para Tales de Mileto, el primer filósofo (¡vaya honor!), el arjé es el agua. Para él, todas las cosas están hechas de agua, pues es el único elemento que puede estar en los tres estados (sólido, líquido y gaseoso). Todo está hecho de agua en el fondo, con diferentes densidades y durezas, pero agua. Así, en realidad, la ceniza y el papel son diferentes momentos del agua: es lo mismo pero parece diferente.

Para Anaxímenes (vaya nombrecitos que tienen los griegos) el arjé es el aire, pues es una sustancia que podemos encontrar en cualquier parte. Para él, el agua no es más que aire solidificado. Además, todos los seres vivos necesitamos aire para vivir. Por tanto, el arjé, aquello que es lo realmente real, es el aire.

Para un tipo llamado Anaximandro, el arjé era algo que no sabemos lo que es. Es decir, existe, pero no podemos saber qué es. Debía tener también ascendientes gallegos porque decidió llamar al arjé lo "indeterminado". Hay una cosa que es lo que está debajo de todo sosteniéndolo, pero no sabemos qué es. Así que supongo que será algo indeterminado. Y se quedó tan pancho.

Empédocles afirmaba que la realidad consta de cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire) y que las cosas son diferentes dependiendo de la combinación de elementos que tengan. Una teoría que a todos nos suena.

Anaxágoras mantenía que lo realmente real era el Nous, la inteligencia, que daba sentido a todo lo que existe. Le exiliaron de Atenas por afirmar que el Sol no era un dios sino una masa de hierro incandescente y que la Luna era un trozo de roca que reflejaba la luz del Sol. Estos filósofos están locos.

Demócrito defendió la idea, atención, de que la realidad está compuesta de unas partículas indivisibles e invisibles que se agrupan para formar cuerpos. Dependiendo del tipo y número de partículas, los cuerpos serán de una manera u otra. A estas partículas las llamó átomos. No está mal para un tipo de hace 2500 años, ¿eh?

Pero los dos grandes pesos pesados están por llegar, los dejaré para una futura entrada, pues ellos solos darán que hablar a toda la historia de la filosofía. Os dejo con un vídeo que ilustra bastante bien el problema del que hablamos:



¡Saludos filosóficos!


2 comentarios:

  1. Realmente es lo que dice Anaximandro, pero por mucho que el hombre lo intente siempre habra algo mas pequeño que otro algo que forme el algo primero, y nos acercaremos pero simpre (por mucho que la filosofia busque y rebusque)nos faltara por saber. Si el hombre no lo sabe todo sera por algo. Si las personas se comen el coco por pequeñeces de la vida cotidiana, ¿Está preparado para saberlo TODO? ¿es digno de ello?

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    1. Hello random citizen!

      En ello precisamente está la ciencia, descendiendo cada vez más en las partículas subatómicas para tratar de entender la materia. La búsqueda de la supercuerdas, o las colisiones del acelerador de partículas no son otra cosa que una búsqueda del arjé.
      Respecto a lo segundo, ¿somos dignos de conocerlo todo? Es una gran pregunta, pero creo que solamente el intento de conocer dignifica al ser humano. Lo contrario es la animalidad, y no es un estado al que queramos volver, creo yo.

      ¡Muchas gracias por comentar!

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