sábado, 17 de noviembre de 2012

El cambio en Aristóteles: acto y potencia

¡Hola compañeros!

Aquí estoy de vuelta a la carga con más interesantes -espero- propuestas filosóficas que haceros. Ya dijimos el otro día que este es el mes de Aristóteles así que algo habrá que contar de él que nos ayude a entender el sentido del transcurso de esta historia que vamos contando a trompicones. Si os acordáis, hace tiempo comentamos que la filosofía había nacido en Grecia con el problema del cambio. En el momento analizamos bastantes propuestas al respecto (las de los filósofos presocráticos), tratando de averiguar cómo es posible que se produzca el cambio en el mundo, pues no resulta algo tan sencillo como intuitivamente creemos. Todas las preguntas se condensan en la siguiente: ¿cómo se produce el paso del ser al no-ser (o viceversa)? ¿Cómo el papel deja de ser papel (era papel y ya no es papel) y se convierte en ceniza (la ceniza no era y ahora es)?

Como ya sabéis, este problema trajo bastante de cabeza a los antiguos y lo peor es que ninguno terminó de dar con una solución adecuada y convincente al problema. Algunos de ellos (como Parménides) incluso llegaron a plantear que el cambio no puede existir porque es irracional y absurdo; otros (como Heráclito) llegan a la conclusión de que si la razón no puede entender el cambio es culpa de la razón, no de la realidad, que es siempre cambiante y variable. Platón, por su parte, trata de sintetizar ambas posturas en su teoría de las ideas; una parte de la realidad es siempre cambiante y mutable, pero hay un mundo estable y fijo en el que nada nunca cambia, el mundo de las ideas.

Aristóteles, como veremos en una entrada más adelante, tiene sus propios problemas con la teoría de las ideas, la cual no le convence en absoluto. Según su punto de vista esa teoría no explica para nada el problema del cambio, sino que simplemente lo deja de lado, sin abordarlo realmente. ¿Cómo es posible el cambio según él?

Para empezar, Aristóteles piensa que hay que empezar por relativizar los conceptos de "ser" y "nada (no-ser)". Si nos mantenemos tan rigurosos como Parménides es imposible explicar el movimiento y el cambio. Con esa inflexibilidad no llegamos a ninguna parte (en realidad esta también es una lección para la vida, si no sabemos ceder no obtendremos nunca beneficios de ningún tipo). Sin embargo, tampoco podemos confundirlo todo hasta el extremo de afirmar, con Heráclito, que el ser y el no-ser es lo mismo. Evidentemente, si da igual ser que no-ser, entonces el cambio no existe tampoco, pues pasar del ser al no-ser sería irrelevante. Así pues, tenemos que reconocer que en el proceso del cambio hay un cierto no-ser en el ser y un cierto ser  en el no-ser, sin que lleguen a confundirse del todo nunca.

Con esto en mente tomemos el ejemplo de una semilla que se va a convertir en árbol. Nosotros vemos un semillita hermosa en nuestra mano. Desde luego no es un árbol, pero puede serlo. Si le damos una tierra fértil, un poco de abrigo de los elementos climatológicos, un poco de abono, etc. podrá convertirse en un árbol. Existe la posibilidad de que acabe siendo comida por un gusano, o por un pájaro arbolicida, pero tiene posibilidades más o menos sólidas de convertirse en un árbol de provecho para la comunidad.

Pero en lo que seguro que no se convierte es en un coche. Es imposible, da igual lo que hagamos con esa semilla, que no se convertirá en un coche. No hay nada que podamos hacer o decir que cambie este hecho. ¿Por qué? Pues porque la semilla tiene dentro de sí un cierto ser de árbol; tiene como un árbol en pequeñito que puede desarrollarse, mientras que no tiene ese cierto ser de coche. Que guarda un cierto ser no quiere decir que lo sea ahora, sino que dentro de la semilla existe la posibilidad de ser árbol, mientras que no existe la posibilidad de que sea coche. A ese cierto ser que no es, pero puede ser, lo llama Aristóteles potencia. La semilla tiene la potencia de árbol dentro de sí. No es un árbol ahora, pero puede llegar a serlo. No es un ser, pero tampoco es un no-ser total, sino que, en cierto modo, la semilla tiene dentro de sí algo de árbol.

¿Y cómo llama Aristóteles a lo que las cosas son ahora, en este momento? A lo que una cosa es ahora lo llama Aristóteles acto. Una semilla es una semilla actualmente, pero es un árbol en potencia. Todo ente (es decir, todo lo que existe) tiene un ser en acto (lo que de hecho es) y muchas potencialidades (aquello en lo que puede convertirse): la semilla puede llegar a ser un árbol pero también puede puede convertirse en comida. ¿Qué es, por tanto, el cambio? La respuesta que da Aristóteles es simple: el paso de la potencia al acto.

 Un esquema académico y formalísimo del asunto

Esto cerrará este capítulo del problema del cambio en la filosofía (que ya se está quedando demodé) y abrirá otros nuevos, en los cuales nos adentraremos próximamente. Poco a poco, la mirada del hombre va cambiando, y de mirar y contemplar el mundo exterior, va a empezar a mirarse a sí mismo con extrañeza y a hacerse preguntas inquietantes: ¿qué es el ser humano? ¿Qué es la felicidad? ¿Para qué sirve portarse bien? En esas preguntas nos adentraremos profundamente en otra ocasión.

¡Saludos filosóficos!

10 comentarios:

  1. soy jaime abollado y queria preguntarle sobre la metafisica de santo tomas la cual es muy liante y confusa

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  2. metafisica de santo tomas

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  3. Yo no entiendo esta parte(dentro de la metafísica):
    -Si hay diferencia entre esencia y existencia (la existencia es la realización concreta e individual de una esencia) todos los seres son contingentes, las cosas en si mismas podrían existir o no existir.
    -Todos existimos gracias a otro ser que tiene que existir, que es necesario, y es Dios.
    Encontramos la razón de su existencia dentro de su esencia, la razón de que sea está en su idea.Dios por ello es puro SER.
    Dios es pura existencia, no tiene que demostrar su existencia.
    Álvaro

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  4. Queridos alumnos:

    Lo que hay que tener claro en la metafísica de sto Tomás es la diferencia entre esencia y existencia. La diferencia entre ellas hace que el argumento ontológico quede invalidado (pues no podemos extraer la existencia de la esencia, al ser algo radicalmente diferente). Todos los entes se componen de esencia y existencia: lo que son (esencia) y el hecho de que sean aquí y ahora (existencia).

    Excepto Dios, en el que confluyen esencia y existencia. Dios es puro ser y por eso todas las cosas, por el mero hecho de "ser", participan del ser divino (importante el concepto de participación). Sto. Tomás rechaza el panteísmo por eso se ve obligado a decir que el ser de las criaturas, a pesar de depender del ser divino, no es el mismo tipo de ser.

    ¡Ánimo chavales!

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  5. Muy bueno, un buen post y un interesante debate que me supera, lamentablemente. Aunque os entiendo, no puedo otra cosa que asentir o discrepar, así a trazo grueso. O arrimar el ascua a mi escéptica sardina: Existen realidades potenciales inducidas, en las que algunos políticos saben más que todos los hijos de Platón y Sócrates juntos, y luego están las realidades constatables. Y eso es justo lo que niegan los que precisamente creen que sus realidades potenciales inducidas son la realidad constatable.

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    1. Todo esto es desde luego muy aplicable a la política, que busca continuamente convertir en acto sus deseos potenciales. Gracias por comentar.

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  6. tengo una teoria,puedo imaginar,por lo tanto en mi imaginacion soy un dios,por lo tanto igual que la semilla tiene algo de arbol yo tengo algo de dios,por lo tanto puedo convertirme en un dios,que te parece?

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    1. Hola Aniña,

      La semilla "es" un árbol en potencia sin necesidad de imaginar nada. Lo lleva dentro de su propio ser.
      Aunque tú tengas una idea, no te puedes transformar en ella a no ser que tengas esa potencialidad (tienes la idea de ser bombero y puedes llegar a serlo, pero nunca podrás ser una piedra por mucho que lo pienses).

      ¡Gracias por comentar!

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  7. El mejor blog de filosofía existente, sin duda ¡Enhorabuena!

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