¡Hola compañeros!
Bienvenidos de nuevo a este blog delirante y absurdo, donde la excentricidad y lo absurdo alcanzan cotas cada vez más elevadas (¡y lo que nos queda!). Hoy rebajaremos un poco estos niveles y analizaremos una de las ideas más curiosas que nos dio la antigüedad (oh excelsa y maravillosa antigüedad): el desprecio de Sócrates por los libros y la palabra escrita.
Como expuse en una entrada anterior sobre la vida de Sócrates (no voy a buscar el link, ya sois mayorcitos) existen muchas similitudes entre la vida de Jesucristo y la este filósofo "desagradable a la vista". Una de las más importantes es que no dejaron nada escrito y todo lo que conocemos de ellos es por referencias de sus discípulos y otros pero no porque nos legasen su pensamiento en libros. En el caso de Sócrates existían dos fuertes motivos para rechazar el uso del discurso escrito y de la palabra en forma de libro.
El primer motivo tiene una fuerte influencia de su modo de entender la filosofía. Para él, la filosofía es una forma de vida, una práctica social que solamente se puede llevar a cabo en comunidad y en diálogo con los demás. La Verdad no es accesible desde la soledad sino que únicamente mediante un contacto frecuente y constante con los congéneres y los vecinos podemos tratar de acercarnos con esfuerzo hacia ella. Mediante el diálogo, las preguntas y las respuestas nos aproximamos a una respuesta, que quizás no sea definitiva, quizás no sea plenamente satisfactoria, pero es un comienzo. Es decir, la Verdad no es un estado fijo y estable de la realidad al que accedemos en soledad, sino que en compañía y en sociedad nos aproximamos paulatinamente hacia ella, con esfuerzo.
Esto no casa bien con la típica actitud del sabio solitario que, en la soledad de su laboratorio, descubre leyes científicas y desentraña los secretos del universo. Se parece más al frenético movimiento de una universidad, donde diferentes doctrinas colisionan entre ellas y los científicos se demuestran y refutan constantemente en un baile incesante y eterno (qué poético me ha quedado).
El segundo motivo por el cual Sócrates rechaza la escritura es que a los libros "no les puedes preguntar nada". Cuando estás leyendo un libro y encuentras algo que no entiendes no puedes preguntarle nada al autor. Si le haces una pregunta a un libro nunca responde nada, solamente te topas con silencio. Es un asunto complicado eso de poner las ideas de un modo discursivo y lineal, pues el mundo rara vez es discursivo y lineal sino que se parece más a una conversación: caótico, con reglas implícitas pero rara vez comprendidas del todo, con una estructura irregular pero constante... ¿Qué persona en sus cabales se apoya en un modo de acceso a la Verdad tan inadecuado?
Esto no quiere decir que Sócrates no hubiera leído, pues era una persona tremendamente culta, pero lo que ocurría es que no le gustaba quedarse con dudas sobre aquellas cosas que leía. Si no podía acceder al escritor tenía que contentarse con leer el libro y aceptar o rechazar lo que allí encontrase escrito.
Ese es uno de los motivos que llevaron a Platón a escribir diálogos en vez de tratados. Era una manera de esquivar esa reserva que tenía su maestro a la palabra escrita y a la vez poder hacer que perdurara su mensaje. Una solución de auténtico genio pero ¿la habría aprobado su maestro? Aaaah, quién puede saberlo, lo que está claro es que los diálogos de Platón constituyen un auténtico placer para la lectura y una maravilla literaria a todos los niveles.
El próximo día nos adentraremos en el mundo de las ideas de Platón y descubriremos lo que el filósofo más importante de la historia dejó a la posteridad.
¡Un saludo filosófico!
Porque la filosofía es el origen de todo, y el origen de todo no tiene por qué ser tan complicado...
lunes, 8 de octubre de 2012
martes, 2 de octubre de 2012
La naturaleza y los números
¡Hola compañeros!
¡Ajajajá! Pensabáis que solamente haría mi entrada semanal y ya está ¿eh? Os equivocáis si creéis que podéis juzgar con tanta ligereza los comportamientos erráticos y vagabundos de un filósofo.
Hoy os traigo un vídeo que ilustra a la perfección la aspiración pitagórica. Pitágoras era un tipo medio loco que afirmaba que el arjé, lo realmente real, eran los números. Para él lo que todas las cosas tienen en común es que son cuantificables por medio de números. Antes de tomarle por un locuelo veamos el siguiente vídeo que sorprenderá a muchos y convencerá a algunos. Recomiendo ponerlo a pantalla completa y escucharlo con la música, os gustará mucho más (doy por hecho que os gustará, pero así os gustará más).
¡Saludos filosóficos!
¡Ajajajá! Pensabáis que solamente haría mi entrada semanal y ya está ¿eh? Os equivocáis si creéis que podéis juzgar con tanta ligereza los comportamientos erráticos y vagabundos de un filósofo.
Hoy os traigo un vídeo que ilustra a la perfección la aspiración pitagórica. Pitágoras era un tipo medio loco que afirmaba que el arjé, lo realmente real, eran los números. Para él lo que todas las cosas tienen en común es que son cuantificables por medio de números. Antes de tomarle por un locuelo veamos el siguiente vídeo que sorprenderá a muchos y convencerá a algunos. Recomiendo ponerlo a pantalla completa y escucharlo con la música, os gustará mucho más (doy por hecho que os gustará, pero así os gustará más).
¡Saludos filosóficos!
lunes, 1 de octubre de 2012
El filósofo del mes: Platón
Platón poniéndose grosero con el de al lado, o señalando al cielo, no está claro
¡Hola compañeros!
Espero que hayáis tenido un buen fin de semana, y que aquellos que rompieron mi ventana del coche para robarme un boli bic por la noche se pudran en el más profundo de los infiernos. Con un hilo musical de Justin Bieber.
En fin, no dejemos que lo urgente no distraiga la mirada de lo importante. La entrada de hoy se la dedicaremos al más grande filósofo que nos ha dado la humanidad: Platón. ¿Que si es interesante su vida? Bueno, juzgad vosotros mismos.
Platón originalmente se llamaba Aristocles, pero sus compañeros pronto le apodaron Platón, que significa, "el de anchas espaldas". Por lo visto debía ser un tipo fuertote y gallardo, al más puro estilo Vin Diesel. Procedía de una familia noble y aristocrática de Atenas (nota para el futuro: casi todos los filósofos proceden de familias nobles, al fin y al cabo, si vas a vivir de ideas, más te vale tener una renta vitalicia de algún tipo). Esta familia tomó parte en el famoso (famosísimo, diréis vosotros) gobierno de los Treinta Tiranos, que derrocó temporalmente la democracia e impuso un gobierno totalitario sobre la magnífica ciudadanía ateniense. En consonancia con ellos fue siempre un crítico de la democracia, aunque siempre condenó los desmanes de sus parientes mientras estaban en el poder. No era tan mal tipo, al parecer.
En su juventud se dedicó a escribir poesías y tragedias, muy como los jóvenes de hoy en día (en aquellos tiempos, como vemos, les educaban para escribir tragedias, mientras que hoy en día lo verdaderamente trágico es la educación. Paradojas de la vida.) pero pronto conoció a la persona que cambiaría su vida para siempre: Sócrates. En cuanto lo hubo conocido quemó todo lo que había escrito y se concentró solamente en la filosofía, haciéndose fervoroso seguidor de su maestro.
Con la muerte de Sócrates, Platón juzga prudente retirarse un tiempecito de Atenas hasta que los ánimos se calmen y se dedica a viajar por el Mediterráneo hasta recalar en Siracusa donde conoce al tirano Dionisio (los tiranos eran una especie de dictadores, con no demasiada buena fama). Intenta llevar a cabo su utopía política pero el experimento termina como el rosario de la aurora y el tirano le vende como esclavo (un político salvándose a costa de una cabeza de turco, eso es algo que afortunadamente se ve poco ahora).
Cuando vuelve a Atenas decide dedicarse a cosas menos peligrosas y estresantes y compra una pequeña parcelita a las afueras de Atenas dedicada al héroe griego Academo, por lo que decide llamar a su escuela "Academia". Este es, amigos, el origen de la palabra academia y de este conocimiento sin precedentes podréis presumir en reuniones familiares y sindicales. En esta academia estudiaron políticos, científicos y filósofos. Era una especie de universidad donde los chicos adinerados de Grecia completaban sus estudios bajo la dirección del maestro. De hecho, se decía que quienes cenaban con Platón y conversaban con él en el comedor se sentían bien al día siguiente, tal era el poder de convicción de este hombre sin igual.
Platón sigue enseñando en la academia hasta su muerte, momento en el cual la filosofía pierde un gran hombre y un profundísimo y agudísimo pensador.
El alumno más famoso de la academia es Aristóteles, que estudió 20 años en la academia hasta la muerte de Platón, que provoca su salida de ella y el comienzo de un nuevo tipo de filosofía completamente diferente. Pero eso, amigos, es materia de un nuevo capítulo de esta serie de entregas... ¡el filósofo del mes! Tachán.
¡Saludos filosóficos!
lunes, 24 de septiembre de 2012
II) El problema del cambio: Heráclito y Parménides
¡Saludos compañeros!
Hoy retomamos el tema que dejamos a medias el otro día. Debéis saber que estoy escribiendo esta entrada desde un ordenador al que le falta la tecla "ele", y jamás me había percatado de la cantidad de veces que utilizamos la letrita dichosa. Puedo aseguraros que resulta bastante infernal hacerlo, pero todo sea por la causa.
En fin. Nos quedamos hablando del arjé y de los diferentes arjés que habían encontrado los primeros filósofos, esos pioneros que abrían camino a través de junglas tórridas y desiertos innombrables. Sin embargo, hasta cierto punto, sus respuestas son candorosamente infantiles e ingenuas. Que si el agua o el aire, etc. Nuestro interés filosófico empieza a crecer cuando accedemos a las dos mentes brillantes de la antigüedad: Heráclito y Parménides. ¡Vaya dos! A ver qué nos dicen.
Heráclito, aburrido del color de sus botas
Heráclito mantiene que el problema del cambio no es un problema. Al menos mientras aceptemos que la realidad es contradictoria, variable, cambiante. Las cosas pueden ser y no ser a la vez (pueden ser a la vez papel y ceniza) y el cambio simplemente consiste en el modo en el que las cosas son. Todo es dinámico, nada es permanente en la realidad. No hay ningún arjé sencillamente porque no hay nada que se libre del inclemente cambio, todo está sujeto a él. El cambio es lo único real, lo único que no es ilusorio, todo es y no es a la vez. Heráclito sostiene que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, pues la segunda vez que nos bañamos el agua ya no es la misma, ya no podemos llamar con el mismo nombre a un objeto que es, en rigor, diferente. Por eso la razón es ficticia, trata de atrapar la realidad con conceptos e ideas para intentar estabilizar, pero es un intento vano e ilusorio. Debemos aceptar el cambio tal y como es, y amoldar nuestra mente al hecho de que no seremos capaces de captar la realidad mientras sigamos atados a la razón y sus categorías petrificadas. No existe el ser, solamente el devenir.
Es una teoría interesante, pero justo al otro lado de Grecia un hombre barbudo daba su particular visión acerca del problema del cambio.
Parménides leyéndole el periódico al de al lado
Un discípulo de Parménides, Zenón, trató de demostrar racionalmente la imposibilidad del movimiento, por medio de sus famosas paradojas. Aquí os dejo un enlace para que vayáis echándoles un vistazo y flipéis con el tiempo libre que tenían estas personas:
http://es.wikipedia.org/wiki/Paradojas_de_Zenon
Como habéis podido notar, ambas teorías se contradicen, pero las dos albergan poderosos argumentos tras ellas. El mundo griego quedó en estado de shock cuando se enteró de que estos dos grandes hombres se contradecían al tratar de resolver un problema y no supo cómo reaccionar al gran reto que dejaban tras de sí. ¿Quién sería el filósofo que resolviera esta polémica que no permitía avanzar?
Seguiremos próximamente... Os dejo con esta pedazo de versión en directo.
¡Saludos filosóficos!
lunes, 17 de septiembre de 2012
I) El problema del cambio
¡Hola compañeros!
Hemos hablado mucho del propósito de la filosofía, de la utilidad (o no) que tiene, de los traumas infantiles que pueblan nuestros sueños, etc. Hemos tratado muchos temas, pero os habréis dado cuenta de que no hemos penetrado realmente en las preguntas filosóficas, no hemos comenzado a esbozar ninguno de sus problemas fundamentales. Nos hemos limitado, en definitiva, a trazar unas finas -finísimas- líneas que delimitan nuestra disciplina.
Ha llegado el momento, queridos compañeros de viaje, de emprender el primer paso hacia las profundidades filosóficas. Hasta ahora, por decirlo de algún modo, nos hemos comprado la mochila, hemos leído manuales de escalada, hemos adquirido una ropa capaz de resistir los más inclementes vientos. Pero ahora ha llegado la hora de escalar esta montaña. Habrá ratos de subida complicada, momentos de ladera más tranquilos, visiones incomparables y páramos yermos donde nada habrá que nos llame la atención. Si conseguimos superar esos retos estaremos en condiciones de coronar la cima, que no es otra que responder a esa gran pregunta kantiana "¿qué soy yo?" (os acordáis, ¿verdad?).
¡Vamos allá! Animado por vuestra presencia vamos a ponernos a analizar el primer gran problema de la historia de la filosofía: el problema del cambio.
Con el problema del cambio se inicia la filosofía. Es el primer problema que tratan, y ya empieza siendo uno bastante peliagudo. La pregunta que se hacen estos primeros filósofos es la siguiente: "¿cómo es posible que las cosas cambien?" Pensadlo. Que las cosas cambien no es tan sencillo de comprender racionalmente. Imaginemos un simple ejemplo: un papel ardiendo. Cuando vemos el papel arder observamos un proceso: ese papel se transforma en ceniza, donde antes había papel solamente queda ceniza. Sin embargo, estamos de acuerdo en que, obviamente, el papel no es ceniza. Papel y ceniza son, por tanto, cosas muy diferentes. Pues bien, la pregunta es ¿cómo es posible que el papel se transforme en ceniza? O dicho de otra manera, ¿cómo es posible que algo que existía -el papel- deje de existir y algo que no existía -la ceniza- comience a existir? ¿Tiene lugar una creación de la nada? ¿Cómo pueden surgir cosas de la nada? No sé si estoy explicando bien el problema: hay un instante en la combustión en el que no hay papel y todavía no hay ceniza, ¿qué está ocurriendo en ese momento? Es como si desapareciera el papel y apareciera la ceniza de la nada... Más que de transformación estaríamos hablando de sustitución. Uhm, parece una cuestión estúpida, pero ríos de tinta han corrido al respecto, y no podemos decir que hayan dejado de correr.
La respuesta general que dan estos primeros filósofos es bastante ingeniosa. Para ellos existe una materia primigenia de la que salen todas, un arjé (que significa principio en griego). Ocurre que esa materia no siempre se manifiesta de la misma manera, por eso las cosas parecen diferentes aunque en realidad todo sea lo mismo. Estos primeros filósofos, que llamaremos presocráticos, se diferenciarán en el arjé, pues para cada uno será una cosa distinta.
Para Tales de Mileto, el primer filósofo (¡vaya honor!), el arjé es el agua. Para él, todas las cosas están hechas de agua, pues es el único elemento que puede estar en los tres estados (sólido, líquido y gaseoso). Todo está hecho de agua en el fondo, con diferentes densidades y durezas, pero agua. Así, en realidad, la ceniza y el papel son diferentes momentos del agua: es lo mismo pero parece diferente.
Para Anaxímenes (vaya nombrecitos que tienen los griegos) el arjé es el aire, pues es una sustancia que podemos encontrar en cualquier parte. Para él, el agua no es más que aire solidificado. Además, todos los seres vivos necesitamos aire para vivir. Por tanto, el arjé, aquello que es lo realmente real, es el aire.
Para un tipo llamado Anaximandro, el arjé era algo que no sabemos lo que es. Es decir, existe, pero no podemos saber qué es. Debía tener también ascendientes gallegos porque decidió llamar al arjé lo "indeterminado". Hay una cosa que es lo que está debajo de todo sosteniéndolo, pero no sabemos qué es. Así que supongo que será algo indeterminado. Y se quedó tan pancho.
Empédocles afirmaba que la realidad consta de cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire) y que las cosas son diferentes dependiendo de la combinación de elementos que tengan. Una teoría que a todos nos suena.
Anaxágoras mantenía que lo realmente real era el Nous, la inteligencia, que daba sentido a todo lo que existe. Le exiliaron de Atenas por afirmar que el Sol no era un dios sino una masa de hierro incandescente y que la Luna era un trozo de roca que reflejaba la luz del Sol. Estos filósofos están locos.
Demócrito defendió la idea, atención, de que la realidad está compuesta de unas partículas indivisibles e invisibles que se agrupan para formar cuerpos. Dependiendo del tipo y número de partículas, los cuerpos serán de una manera u otra. A estas partículas las llamó átomos. No está mal para un tipo de hace 2500 años, ¿eh?
Pero los dos grandes pesos pesados están por llegar, los dejaré para una futura entrada, pues ellos solos darán que hablar a toda la historia de la filosofía. Os dejo con un vídeo que ilustra bastante bien el problema del que hablamos:
¡Saludos filosóficos!
Hemos hablado mucho del propósito de la filosofía, de la utilidad (o no) que tiene, de los traumas infantiles que pueblan nuestros sueños, etc. Hemos tratado muchos temas, pero os habréis dado cuenta de que no hemos penetrado realmente en las preguntas filosóficas, no hemos comenzado a esbozar ninguno de sus problemas fundamentales. Nos hemos limitado, en definitiva, a trazar unas finas -finísimas- líneas que delimitan nuestra disciplina.
Ha llegado el momento, queridos compañeros de viaje, de emprender el primer paso hacia las profundidades filosóficas. Hasta ahora, por decirlo de algún modo, nos hemos comprado la mochila, hemos leído manuales de escalada, hemos adquirido una ropa capaz de resistir los más inclementes vientos. Pero ahora ha llegado la hora de escalar esta montaña. Habrá ratos de subida complicada, momentos de ladera más tranquilos, visiones incomparables y páramos yermos donde nada habrá que nos llame la atención. Si conseguimos superar esos retos estaremos en condiciones de coronar la cima, que no es otra que responder a esa gran pregunta kantiana "¿qué soy yo?" (os acordáis, ¿verdad?).
¡Vamos allá! Animado por vuestra presencia vamos a ponernos a analizar el primer gran problema de la historia de la filosofía: el problema del cambio.
Con el problema del cambio se inicia la filosofía. Es el primer problema que tratan, y ya empieza siendo uno bastante peliagudo. La pregunta que se hacen estos primeros filósofos es la siguiente: "¿cómo es posible que las cosas cambien?" Pensadlo. Que las cosas cambien no es tan sencillo de comprender racionalmente. Imaginemos un simple ejemplo: un papel ardiendo. Cuando vemos el papel arder observamos un proceso: ese papel se transforma en ceniza, donde antes había papel solamente queda ceniza. Sin embargo, estamos de acuerdo en que, obviamente, el papel no es ceniza. Papel y ceniza son, por tanto, cosas muy diferentes. Pues bien, la pregunta es ¿cómo es posible que el papel se transforme en ceniza? O dicho de otra manera, ¿cómo es posible que algo que existía -el papel- deje de existir y algo que no existía -la ceniza- comience a existir? ¿Tiene lugar una creación de la nada? ¿Cómo pueden surgir cosas de la nada? No sé si estoy explicando bien el problema: hay un instante en la combustión en el que no hay papel y todavía no hay ceniza, ¿qué está ocurriendo en ese momento? Es como si desapareciera el papel y apareciera la ceniza de la nada... Más que de transformación estaríamos hablando de sustitución. Uhm, parece una cuestión estúpida, pero ríos de tinta han corrido al respecto, y no podemos decir que hayan dejado de correr.
La respuesta general que dan estos primeros filósofos es bastante ingeniosa. Para ellos existe una materia primigenia de la que salen todas, un arjé (que significa principio en griego). Ocurre que esa materia no siempre se manifiesta de la misma manera, por eso las cosas parecen diferentes aunque en realidad todo sea lo mismo. Estos primeros filósofos, que llamaremos presocráticos, se diferenciarán en el arjé, pues para cada uno será una cosa distinta.
Para Tales de Mileto, el primer filósofo (¡vaya honor!), el arjé es el agua. Para él, todas las cosas están hechas de agua, pues es el único elemento que puede estar en los tres estados (sólido, líquido y gaseoso). Todo está hecho de agua en el fondo, con diferentes densidades y durezas, pero agua. Así, en realidad, la ceniza y el papel son diferentes momentos del agua: es lo mismo pero parece diferente.
Para Anaxímenes (vaya nombrecitos que tienen los griegos) el arjé es el aire, pues es una sustancia que podemos encontrar en cualquier parte. Para él, el agua no es más que aire solidificado. Además, todos los seres vivos necesitamos aire para vivir. Por tanto, el arjé, aquello que es lo realmente real, es el aire.
Para un tipo llamado Anaximandro, el arjé era algo que no sabemos lo que es. Es decir, existe, pero no podemos saber qué es. Debía tener también ascendientes gallegos porque decidió llamar al arjé lo "indeterminado". Hay una cosa que es lo que está debajo de todo sosteniéndolo, pero no sabemos qué es. Así que supongo que será algo indeterminado. Y se quedó tan pancho.
Empédocles afirmaba que la realidad consta de cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire) y que las cosas son diferentes dependiendo de la combinación de elementos que tengan. Una teoría que a todos nos suena.
Anaxágoras mantenía que lo realmente real era el Nous, la inteligencia, que daba sentido a todo lo que existe. Le exiliaron de Atenas por afirmar que el Sol no era un dios sino una masa de hierro incandescente y que la Luna era un trozo de roca que reflejaba la luz del Sol. Estos filósofos están locos.
Demócrito defendió la idea, atención, de que la realidad está compuesta de unas partículas indivisibles e invisibles que se agrupan para formar cuerpos. Dependiendo del tipo y número de partículas, los cuerpos serán de una manera u otra. A estas partículas las llamó átomos. No está mal para un tipo de hace 2500 años, ¿eh?
Pero los dos grandes pesos pesados están por llegar, los dejaré para una futura entrada, pues ellos solos darán que hablar a toda la historia de la filosofía. Os dejo con un vídeo que ilustra bastante bien el problema del que hablamos:
¡Saludos filosóficos!
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