¡Hola compañeros!
Hoy ha llegado una noticia de importancia mundial. Tened cuidado amigos, ¡podéis ser los siguientes!
http://www.elmundotoday.com/2012/09/detienen-a-unos-filosofos-que-planeaban-socavar-los-fundamentos-del-platonismo/
Aquí podemos ver a Nietzsche tirando del carro de la filosofía nihilista. Una imagen perturbadora, ciertamente:
¡Saludos filosóficos!
P.D.: agradezco a Marta Arroyo que me haya hecho llegar esta noticia. ¡Vaya bombazo!
Porque la filosofía es el origen de todo, y el origen de todo no tiene por qué ser tan complicado...
jueves, 13 de septiembre de 2012
domingo, 9 de septiembre de 2012
El filósofo del mes: Sócrates y su vena gallega
Sócrates, de verde (o marrón, soy incapaz de distinguirlo) cantando las cuarenta a sus vecinos
¡Hola compañeros!
Hoy inauguro una nueva sección en el blog que se llamará "El filósofo del mes". Cada mes iré sacando las ideas de un filósofo y explicaré un poco por encima sus intenciones y objetivos para que podamos ir entendiendo un poquito por qué decían las cosas que decían. Y todo esto a pesar de que Cicerón, malvado como era, nos recuerda que "no hay estupidez que no haya sido defendida por algún filósofo." Ayyyy ¡qué razón tenían los clásicos!
Pero no es el caso de Sócrates. Sócrates es un filósofo atípico, bajo cualquier perspectiva. No dejó nada escrito, fue condenado a muerte por sus conciudadanos, solamente conocemos los datos de su vida gracias a sus discípulos, pudo escapar de su condena pero no quiso por convicción moral... ¿Os recuerda a alguien? ¡Efectivamente! Se han hecho muchas comparaciones entre la vida de Jesucristo y la de Sócrates, y se le ha definido como un cristiano laico (por supuesto, influyó muchísimo en los primeros cristianos).
¿Qué es lo que hace a este individuo tan especial? Sócrates fue un detective infatigable de la verdad. Siempre buscó la verdad, por muy incómoda que fuera o inconveniente (lo que, en última instancia, le llevó a la muerte). Pero no creía que la verdad fuera algo que se pudiera encontrar en soledad, sin contacto humano. La verdad era el resultado de un esfuerzo que solamente se podía realizar en comunidad. Para Sócrates a través del diálogo muchas veces sale a relucir la verdad.
Pero claro, hay un requisito básico para poder encontrar la verdad: admitir que no se conoce. Si creemos que sabemos todo no nos molestaremos en aprender nada más. Así que Sócrates desarrolló un método para ayudar a la gente a descubrir que no conoce la verdad: la ironía. La ironía consiste en hacer ver a los supuestos expertos que no tienen ni idea de lo que hablan. Por medio de preguntas y más preguntas (¡otra vez las dichosas preguntas!) el experto tenía que acabar admitiendo que no sabía la respuesta a la pregunta de Sócrates.
Un ejemplo. Sócrates quería saber si se podía enseñar a alguien a ser buena persona. Para saber la respuesta acudía a un profesor. El profesor respondía arrogantemente (como siempre hacen los profesores) diciendo que por supuesto, vaya pregunta tan tonta. Sin embargo, Sócrates empezaba a hacerse el tonto y le pedía que le explicara cómo era eso posible. Poco a poco el profesor se iba liando y terminaba admitiendo (muy de mala gana, insultos incluidos) que no conocía la respuesta a esa pregunta. Ese era el momento que Sócrates buscaba, reconocer la propia ignorancia era el primer paso para adquirir la verdadera sabiduría.
De ahí viene la famosa anécdota que nos cuenta el propio Sócrates:
Un discípulo preguntó al Oráculo de Delfos quién era el hombre más sabio de Grecia. La respuesta fue concluyente: Sócrates. Al enterarse de esto Sócrates quedó consternado, pues precisamente él no sabía nada y siempre andaba buscando la compañía de los supuestos expertos para que lo iluminasen. Pero de pronto se dio cuenta de que era el más sabio precisamente por eso, por ser consciente de su ignorancia.
Desde ese momento, su propósito fue hacer ver a la gente que su conocimiento era ficticio y en realidad ignoraba todo. Obviamente, una persona así no es cómoda y sus conciudadanos decidieron librarse de él acusándolo de corromper la juventud. La ley ateniense exigía que el acusador propusiese una pena y el defensor otra. El juez solamente podía elegir entre esas dos condenas. El acusador pidió la pena de muerte y Sócrates exigió ser mantenido de por vida con un banquete diario.
Según Nietzsche, Sócrates se suicidó. ¿Qué opináis vosotros?
¡Saludos filosóficos!
lunes, 3 de septiembre de 2012
III) ¿Por qué la gente rechaza la filosofía?
¡Hola compañeros!
Hoy he vuelto a trabajar... Mi humor no está demasiado brillante, digamos. Pero aun así, me debo a mi público así que aquí me tenéis un día más para intentar averiguar las causas del rechazo de la sociedad a la filosofía. Quiero dejar claro que no todo el mundo rechaza la filosofía, sino que la actitud general es de un cierto desprecio hacia esta disciplina.
Comentamos que se nos habían ocurrido tres motivos de rechazo: el primero consistía en la dificultad de los conceptos y palabras filosóficas; el segundo radica en la incapacidad (supuesta, creo haber mostrado) de la filosofía de responder adecuadamente a las preguntas que plantea. El tercer concepto es más metodológico, pero creo que muchos de vosotros estaréis de acuerdo con él o lo habréis sufrido en algún momento.
3.- "Mi profesor de filosofía me hizo odiar la asignatura"
Este es el motivo más frecuente en muchos de los haters. Parece un poco peregrino, en el sentido de que no podemos valorar la importancia de una disciplina por un profesor concreto que nos hizo odiarla. Esto es cierto, pero no es menos cierto que es responsabilidad de una ciencia el hacerse querer, el hacerse comprender de un modo ameno o entretenido y a la vez formativo. Parece increíble y muchos de vosotros no me creeréis pero es posible enseñar algo y la vez entretener. Lo juro, se puede. No siempre y en todo momento, es verdad, pero es posible. El problema de la filosofía es que resulta una asignatura tremendamente caristmática. Depende completamente de la capacidad del profesor para hacerla amable. Esto es cierto en todas las asignaturas, pero filosofía es especialmente sensible al síndrome del "buen y el mal profesor".
¿Qué es un buen profesor? En mi opinión, para empezar un buen profesor ha de escuchar casi tanto como habla. En filosofía toda opinión es válida, siempre que esté razonada. Si despreciáramos una opinión por considerarla muy extremista, muy infantil, muy trivial, etc., haríamos un flaco favor a la filosofía, que busca siempre el debate sensato y razonado. En un mundo como el que vivimos, se ha de favorecer el emitir opiniones sin prejuicios ni tabúes. El profesor actúa así de catalizador para que los alumnos vayan poco a poco refinando sus propios valores e ideales, haciéndolos más sólidos y fuertes.
Un profesor también ha de ser capaz de comunicar pasión por la asignatura. La filosofía no es solamente una ciencia, sino que constituye ante todo una forma de vida, una actitud vital ante las cosas. Si no nos lo creemos los profesores resultará imposible que un alumno se empape de ella. La filosofía es sabiduría, y pocas cosas hay tan vitales como la sabiduría. NO ES ERUDICIÓN. No me cansaré de repetir que en la filosofía son más importantes las preguntas que las respuestas. No es una cuestión de aprender un contenido y vomitarlo sobre un examen, sino que hemos de irradiar esa maravillosa sensación de inviolabilidad e invencibilidad de la que disfrutan los verdaderos sabios. Los sabios tienen respuestas para las cosas, porque las han vivido, y no porque lo han aprendido en libros de texto.
En resumidas cuentas, un verdadero profesor de filosofía ha de estar abierto siempre a la crítica y a las opiniones de todo tipo, pero ante todo debe ser filosofía, vivir como un filósofo, sentir como un filósofo, amar su asignatura.
Y a riesgo de sonar cursi concluiré que solamente si amas algo realmente, conseguirás que tu mensaje de amor sea creíble.
¡Saludos filosóficos!
Hoy he vuelto a trabajar... Mi humor no está demasiado brillante, digamos. Pero aun así, me debo a mi público así que aquí me tenéis un día más para intentar averiguar las causas del rechazo de la sociedad a la filosofía. Quiero dejar claro que no todo el mundo rechaza la filosofía, sino que la actitud general es de un cierto desprecio hacia esta disciplina.
Comentamos que se nos habían ocurrido tres motivos de rechazo: el primero consistía en la dificultad de los conceptos y palabras filosóficas; el segundo radica en la incapacidad (supuesta, creo haber mostrado) de la filosofía de responder adecuadamente a las preguntas que plantea. El tercer concepto es más metodológico, pero creo que muchos de vosotros estaréis de acuerdo con él o lo habréis sufrido en algún momento.
3.- "Mi profesor de filosofía me hizo odiar la asignatura"
Este es el motivo más frecuente en muchos de los haters. Parece un poco peregrino, en el sentido de que no podemos valorar la importancia de una disciplina por un profesor concreto que nos hizo odiarla. Esto es cierto, pero no es menos cierto que es responsabilidad de una ciencia el hacerse querer, el hacerse comprender de un modo ameno o entretenido y a la vez formativo. Parece increíble y muchos de vosotros no me creeréis pero es posible enseñar algo y la vez entretener. Lo juro, se puede. No siempre y en todo momento, es verdad, pero es posible. El problema de la filosofía es que resulta una asignatura tremendamente caristmática. Depende completamente de la capacidad del profesor para hacerla amable. Esto es cierto en todas las asignaturas, pero filosofía es especialmente sensible al síndrome del "buen y el mal profesor".
¿Qué es un buen profesor? En mi opinión, para empezar un buen profesor ha de escuchar casi tanto como habla. En filosofía toda opinión es válida, siempre que esté razonada. Si despreciáramos una opinión por considerarla muy extremista, muy infantil, muy trivial, etc., haríamos un flaco favor a la filosofía, que busca siempre el debate sensato y razonado. En un mundo como el que vivimos, se ha de favorecer el emitir opiniones sin prejuicios ni tabúes. El profesor actúa así de catalizador para que los alumnos vayan poco a poco refinando sus propios valores e ideales, haciéndolos más sólidos y fuertes.
Un profesor también ha de ser capaz de comunicar pasión por la asignatura. La filosofía no es solamente una ciencia, sino que constituye ante todo una forma de vida, una actitud vital ante las cosas. Si no nos lo creemos los profesores resultará imposible que un alumno se empape de ella. La filosofía es sabiduría, y pocas cosas hay tan vitales como la sabiduría. NO ES ERUDICIÓN. No me cansaré de repetir que en la filosofía son más importantes las preguntas que las respuestas. No es una cuestión de aprender un contenido y vomitarlo sobre un examen, sino que hemos de irradiar esa maravillosa sensación de inviolabilidad e invencibilidad de la que disfrutan los verdaderos sabios. Los sabios tienen respuestas para las cosas, porque las han vivido, y no porque lo han aprendido en libros de texto.
En resumidas cuentas, un verdadero profesor de filosofía ha de estar abierto siempre a la crítica y a las opiniones de todo tipo, pero ante todo debe ser filosofía, vivir como un filósofo, sentir como un filósofo, amar su asignatura.
Y a riesgo de sonar cursi concluiré que solamente si amas algo realmente, conseguirás que tu mensaje de amor sea creíble.
¡Saludos filosóficos!
martes, 28 de agosto de 2012
II) ¿Por qué la gente rechaza la filosofía?
¡Hola compañeros!
En primer lugar quiero recomendar un blog que acaba de nacer:
http://lacruzdecoronado.wordpress.com/
En él se cuentan múltiples anécdotas históricas que bien podríamos (o no) aplicar a nuestra vida diaria, narradas de un modo desenfadado y ameno. Aquellos de vosotros que sepáis qué es la cruz de coronado ya tendréis mucho ganado, los que no... bueno os invito a descubrirlo, no os arrepentiréis ;) ¡Mucha suerte en esta nueva aventura, Marcus Brody (y espero que te vaya mejor que en El Cairo)!
Bueno, pues el veranito ya va terminando, pero por lo menos vamos a tener la oportunidad de hacer nuevas entradas más a menudo. ¡No hay mal que por bien no venga! (a quién quiero engañar, es una pereza que termine, pero bueno...).
En fin, el otro día charlamos sobre el primer motivo de rechazo a la filosofía. Hace poco un seguidor de twitter (@conefedefilosof para aquellos que estéis interesados -toma publicidad gratuita-) me propuso un segundo motivo de rechazo. Curiosamente, no me lo había planteado, pero me ha parecido relevante así que lo comentaré en esta entrada.
2.- "La filosofía nunca da respuestas, solamente preguntas"
Me dijo que lo que más le mosqueaba de la filosofía es que siempre proponía preguntas pero nunca daba soluciones. Hemos hablado ya en alguna otra entrada brevemente sobre este tema (me da un poco de pereza buscar en cuál ahora, ¡lo siento! ) pero aprovecharé para extenderme porque ya un alumno en su día se quejaba de que nunca daba respuestas a los enigmas que planteaba. La filosofía es absurda, según este planteamiento, porque nunca da respuestas, solamente preguntas. ¿Qué clase de ciencia pretende ser la filosofía si nunca da respuestas? ¿Qué ciencia o conocimiento dignos de ese nombre pueden pretender ignorarlo todo, no saber nada? De hecho, da la sensación de que la filosofía se regodea precisamente en esa ignorancia, en ese desconocimiento. Parece que disfruta haciendo ver a los demás lo poco que saben. Lejos de añadir conocimiento a la cultura, se contentan con añadir dudas y suspicacias por el camino. Si me apuras un poco, podemos incluso decir que la filosofía es la anticiencia, destructora, implacable, corrosiva.
Obviamente he ido exagerando un poco. Pero es que sin posturas extremas no se pueden entender las posturas intermedias. Lo que está en juego aquí es lo que entendemos por "respuesta" y "pregunta". ¡Oh no!, estaréis pensando, ya está el filósofo de turno haciendo sutiles distinciones entre palabras. Odiadme (lo prefiero a la indiferencia), pero antes escuchadme.
Las respuestas existen porque hay preguntas. La seguridad existe porque hay dudas. Esto es obvio, pero a veces se olvida. La ciencia ha ido progresando a lo largo de la historia porque ha cambiado las preguntas que se hacía. Cuando observamos que una pregunta no tiene respuesta, normalmente estamos formulando la pregunta equivocada. Imaginemos que la ciencia intenta encontrar la respuesta a la siguiente pregunta: "¿qué día de la semana llueve más?" Así, tal y como está planteada, es muy complicado dar una respuesta satisfactoria. ¿Podemos dar un día al azar (tenemos 1 posibilidad entre 7 de acertar, not bad!)?; ¿podemos empezar a calcular desde ahora, despreciando todos los días que han pasado ya, o intentamos hacer una aproximación con los días que ya han transcurrido hasta este momento histórico?; ¿tenemos en cuenta los husos horarios, de tal modo que en una parte del planeta es martes y en el contrario ya es miércoles? Todas estas preguntas no estaban incluidas en la pregunta explícitamente, pero hay que abordarlas si se quiere dar una respuesta a la pregunta original.
Nos ha sucedido en múltiples ocasiones a lo largo del blog que intentamos plantear una pregunta y enseguida empiezan a surgir cantidad de preguntas diferentes. No son preguntas iguales a la primera, pero se encadenan inexorablemente. Si queremos responder a la primera, hemos de afrontar las siguientes. Si un filósofo se pregunta: ¿existe Dios?, ha de responder a varias preguntas: "¿hablamos de un dios o de varios?", "¿es Dios un ser personal o más bien un ser sin conciencia?", "¿es su existencia relevante para nosotros?", "¿existe en este mundo o en un mundo trascendente?", "si existe, ¿existe algo más aparte de Dios, o lo engloba todo?", "si no existe, ¿existe algo infinito, o eterno?". ¡Vaya preguntitas! ¡Como si no fuera suficientemente complicada la primera pregunta, llega la filosofía a dificultarla todavía más!
Pero preguntar no es ignorar. Preguntar no es desconocer. Al revés, solamente puede preguntar algo el que conoce algo sobre el tema. En mis clases, las preguntas más interesantes vienen de aquellos que están atentos, que saben de qué se está hablando. Solamente a través del conocimiento se pueden formular preguntas, y solamente a través de preguntas puede crecer el conocimiento. Es un círculo irrompible, que la pregunta no hace más que fortalecer.
Concluyo. La filosofía da respuestas a través de preguntas y la filosofía se sirve de las respuestas para formular nuevas preguntas. En la pregunta ya está metida dentro la solución, y si se desgrana la pregunta en muchas subpreguntas, no es por ganas de complicar el tema, sino que se busca simplificar esa pregunta, como cuando quitas las capas de una cebolla para llegar a la semilla del centro.
Así que ya sabéis, cuando alguien os haga una pregunta, fijaos muy cuidadosamente en las palabras que utiliza y en el modo de hacer la pregunta, pues la respuesta se halla en el interior ;)
El próximo día veremos la tercera y última causa de que nos rechacen.
¡Saludos filosóficos!
En primer lugar quiero recomendar un blog que acaba de nacer:
http://lacruzdecoronado.wordpress.com/
En él se cuentan múltiples anécdotas históricas que bien podríamos (o no) aplicar a nuestra vida diaria, narradas de un modo desenfadado y ameno. Aquellos de vosotros que sepáis qué es la cruz de coronado ya tendréis mucho ganado, los que no... bueno os invito a descubrirlo, no os arrepentiréis ;) ¡Mucha suerte en esta nueva aventura, Marcus Brody (y espero que te vaya mejor que en El Cairo)!
Bueno, pues el veranito ya va terminando, pero por lo menos vamos a tener la oportunidad de hacer nuevas entradas más a menudo. ¡No hay mal que por bien no venga! (a quién quiero engañar, es una pereza que termine, pero bueno...).
En fin, el otro día charlamos sobre el primer motivo de rechazo a la filosofía. Hace poco un seguidor de twitter (@conefedefilosof para aquellos que estéis interesados -toma publicidad gratuita-) me propuso un segundo motivo de rechazo. Curiosamente, no me lo había planteado, pero me ha parecido relevante así que lo comentaré en esta entrada.
2.- "La filosofía nunca da respuestas, solamente preguntas"
Me dijo que lo que más le mosqueaba de la filosofía es que siempre proponía preguntas pero nunca daba soluciones. Hemos hablado ya en alguna otra entrada brevemente sobre este tema (me da un poco de pereza buscar en cuál ahora, ¡lo siento! ) pero aprovecharé para extenderme porque ya un alumno en su día se quejaba de que nunca daba respuestas a los enigmas que planteaba. La filosofía es absurda, según este planteamiento, porque nunca da respuestas, solamente preguntas. ¿Qué clase de ciencia pretende ser la filosofía si nunca da respuestas? ¿Qué ciencia o conocimiento dignos de ese nombre pueden pretender ignorarlo todo, no saber nada? De hecho, da la sensación de que la filosofía se regodea precisamente en esa ignorancia, en ese desconocimiento. Parece que disfruta haciendo ver a los demás lo poco que saben. Lejos de añadir conocimiento a la cultura, se contentan con añadir dudas y suspicacias por el camino. Si me apuras un poco, podemos incluso decir que la filosofía es la anticiencia, destructora, implacable, corrosiva.
Obviamente he ido exagerando un poco. Pero es que sin posturas extremas no se pueden entender las posturas intermedias. Lo que está en juego aquí es lo que entendemos por "respuesta" y "pregunta". ¡Oh no!, estaréis pensando, ya está el filósofo de turno haciendo sutiles distinciones entre palabras. Odiadme (lo prefiero a la indiferencia), pero antes escuchadme.
Las respuestas existen porque hay preguntas. La seguridad existe porque hay dudas. Esto es obvio, pero a veces se olvida. La ciencia ha ido progresando a lo largo de la historia porque ha cambiado las preguntas que se hacía. Cuando observamos que una pregunta no tiene respuesta, normalmente estamos formulando la pregunta equivocada. Imaginemos que la ciencia intenta encontrar la respuesta a la siguiente pregunta: "¿qué día de la semana llueve más?" Así, tal y como está planteada, es muy complicado dar una respuesta satisfactoria. ¿Podemos dar un día al azar (tenemos 1 posibilidad entre 7 de acertar, not bad!)?; ¿podemos empezar a calcular desde ahora, despreciando todos los días que han pasado ya, o intentamos hacer una aproximación con los días que ya han transcurrido hasta este momento histórico?; ¿tenemos en cuenta los husos horarios, de tal modo que en una parte del planeta es martes y en el contrario ya es miércoles? Todas estas preguntas no estaban incluidas en la pregunta explícitamente, pero hay que abordarlas si se quiere dar una respuesta a la pregunta original.
Nos ha sucedido en múltiples ocasiones a lo largo del blog que intentamos plantear una pregunta y enseguida empiezan a surgir cantidad de preguntas diferentes. No son preguntas iguales a la primera, pero se encadenan inexorablemente. Si queremos responder a la primera, hemos de afrontar las siguientes. Si un filósofo se pregunta: ¿existe Dios?, ha de responder a varias preguntas: "¿hablamos de un dios o de varios?", "¿es Dios un ser personal o más bien un ser sin conciencia?", "¿es su existencia relevante para nosotros?", "¿existe en este mundo o en un mundo trascendente?", "si existe, ¿existe algo más aparte de Dios, o lo engloba todo?", "si no existe, ¿existe algo infinito, o eterno?". ¡Vaya preguntitas! ¡Como si no fuera suficientemente complicada la primera pregunta, llega la filosofía a dificultarla todavía más!
Pero preguntar no es ignorar. Preguntar no es desconocer. Al revés, solamente puede preguntar algo el que conoce algo sobre el tema. En mis clases, las preguntas más interesantes vienen de aquellos que están atentos, que saben de qué se está hablando. Solamente a través del conocimiento se pueden formular preguntas, y solamente a través de preguntas puede crecer el conocimiento. Es un círculo irrompible, que la pregunta no hace más que fortalecer.
Concluyo. La filosofía da respuestas a través de preguntas y la filosofía se sirve de las respuestas para formular nuevas preguntas. En la pregunta ya está metida dentro la solución, y si se desgrana la pregunta en muchas subpreguntas, no es por ganas de complicar el tema, sino que se busca simplificar esa pregunta, como cuando quitas las capas de una cebolla para llegar a la semilla del centro.
Así que ya sabéis, cuando alguien os haga una pregunta, fijaos muy cuidadosamente en las palabras que utiliza y en el modo de hacer la pregunta, pues la respuesta se halla en el interior ;)
El próximo día veremos la tercera y última causa de que nos rechacen.
¡Saludos filosóficos!
viernes, 17 de agosto de 2012
I) ¿Por qué la gente rechaza la filosofía?
¡Saludos compañeros!
Ya os dije que tenía una entrada calentita en el horno. Hoy, como nos indica el título, vamos a charlar sobre los motivos que hay detrás del rechazo de la gente común por la filosofía. No es ningún secreto que la gente "normal" siente un saludable rechazo por la filosofía, lo curioso es que las razones suelen ser casi siempre las mismas. La cultura actual está muy alejada de todas las formas de pensamiento que promuevan la reflexión y el desarrollo intelectual. Podemos, con toda justicia, preguntarnos cómo podemos seguir denominando "cultura" a un producto humano que promueve esta actitud.
Antes de continuar, quiero dejar claro que lejos de mi intención está el hacer de esta entrada una protesta o una queja sobre el mundo que nos rodea. Soy poco proclive a la queja y los protestones me irritan. Se gasta mucha energía en protestar que se podría invertir en solucionar los problemas, o simplemente en cambiar la actitud para amoldar nuestro ser a la realidad y no la realidad a nosotros. Muchas veces la protesta es parte del problema y no de la solución. Lo único que pretendo aquí es diagnosticar una situación y dar con un par de conceptos clave. Y, en lo posible, despejar falsos mitos.
Pasemos sin dilación a retratarnos. A base de preguntar a lo largo de mi vida a muchas personas, alumnos, padres, abuelos, amigos, enemigos, etc. he llegado a las siguientes conclusiones. Si creéis que me he dejado alguna en el tintero comentadme y seré feliz de incluirla (con el correspondiente crédito a su descubridor) en una edición posterior.
1) "La filosofía es demasiado difícil"
Es la razón más frecuente. Sin embargo, resulta curioso escuchar esto de personas que han estudiado carreras de una dificultad intrínseca mucho mayor que la de filosofía, como médicos, abogados o ingenieros. Creo que todos estamos de acuerdo en admitir que esas carreras tienen un grado de dificultad mucho mayor que la filosofía. ¿Qué resulta tan difícil de la filosofía? En mi opinión, el problema ha de ser analizado desde dos ángulos, mutuamente interrelacionados:
a) Palabras raras: la filosofía utiliza palabras raras. Eso es indudable. Solamente leyendo las entradas de abajo nos damos cuenta de que continuamente se utilizan palabras de más de tres sílabas, difíciles de memorizar e imposibles de escribir bien a la primera. ¿Por qué los filósofos se empeñan en inmolar su propia disciplina haciéndola tan inaccesible al profano, al lector no especializado? Debo confesaros que muchas veces la filosofía es también inaccesible al lector especializado, de tal manera que compartimos esta carga, hermanos. De todos modos, dejando de lado el hecho de que coincido plenamente con vosotros en que la filosofía es muchas veces deliberadamente oscura, otras veces no queda más remedio que inventarse palabras para nombrar conceptos nuevos o recién descubiertos. Esto tiene que ver con lo siguiente.
b) Conceptos demasiado abstractos: la filosofía utiliza conceptos abstractos de difícil comprensión que obligan al cerebro a funcionar a máximo rendimiento. ¿Por qué nos torturan los filósofos? Hay que tener en cuenta que la filosofía se mueve por el límite de lo pensable y lo que podemos conocer. Al habitar en ese reino tan poco estable, la filosofía está continuamente rozando lo irracional y lo absurdo. Cuando tratamos de pensar "qué es el ser" estamos llevando al lenguaje humano al límite. Al fin y al cabo, el lenguaje se hizo para la vida corriente y ordinaria, no para hablar del ser, el bien, el alma o Dios. Cuando los filósofos comienzan a levitar hacia esos cielos de la realidad el lenguaje pronto se queda corto para poder nombrar esos conceptos nuevos que se descubren. La abstracción es parte fundamental de la filosofía porque precisamente la filosofía busca penetrar el mundo de las apariencias en el que nos movemos habitualmente.
La dificultad de la filosofía estriba curiosamente en que es muy simple. "Simple" no es sinónimo de "fácil": lo simple es lo que consta de pocos elementos, lo fácil es lo que es de rápida comprensión o ejecución. La filosofía simplifica la realidad hasta sus últimos elementos. Y las cosas más simples no son siempre fáciles, de hecho, muchas veces no ofrecen solamente una solución, sino varias. Pongamos un ejemplo (que ya sabéis que me encantan): los puzles habituales, por muchas piezas que tengan y muy complicados que sean, solamente tienen una solución. Una vez hemos encontrado la solución y hemos terminado el puzle, deja de tener interés, pues ya está solucionado y terminado. No hay nada más que decir.
En filosofía el puzle es muy simple: imaginad dos piezas perfectamente cuadradas. No puede haber puzle más sencillo que ese ¿verdad? Y sin embargo, tiene múltiples soluciones: ¿cuáles son los lados que debo juntar? ¿Qué imagen quiero que quede al final? Entendemos que en un puzle así jamás se termina, sino que siempre es posible dar con una nueva interpretación y comenzar de nuevo. Lejos de aburrirnos esta tarea se vuelve interesante, pues cada vez aprendemos más del puzle y cada vez se nos ocurren maneras nuevas de combinar ambas piezas para dar resultados novedosos y creativos.
Lo que quiero decir con esto es que la filosofía es muy simple. No resulta nada complicado empezar a practicarla y, sin embargo, pronto nos vamos dando cuenta de que sus posibilidades son inagotables. Ahí estriba su dificultad, y su interés.
¡Vaya! No pensé que esta entrada diera para tanto. Me parece que tendré que dejar el resto de motivos para futuras entradas.
Os dejo por ahora.
¡Saludos filosóficos!
Ya os dije que tenía una entrada calentita en el horno. Hoy, como nos indica el título, vamos a charlar sobre los motivos que hay detrás del rechazo de la gente común por la filosofía. No es ningún secreto que la gente "normal" siente un saludable rechazo por la filosofía, lo curioso es que las razones suelen ser casi siempre las mismas. La cultura actual está muy alejada de todas las formas de pensamiento que promuevan la reflexión y el desarrollo intelectual. Podemos, con toda justicia, preguntarnos cómo podemos seguir denominando "cultura" a un producto humano que promueve esta actitud.
Antes de continuar, quiero dejar claro que lejos de mi intención está el hacer de esta entrada una protesta o una queja sobre el mundo que nos rodea. Soy poco proclive a la queja y los protestones me irritan. Se gasta mucha energía en protestar que se podría invertir en solucionar los problemas, o simplemente en cambiar la actitud para amoldar nuestro ser a la realidad y no la realidad a nosotros. Muchas veces la protesta es parte del problema y no de la solución. Lo único que pretendo aquí es diagnosticar una situación y dar con un par de conceptos clave. Y, en lo posible, despejar falsos mitos.
Pasemos sin dilación a retratarnos. A base de preguntar a lo largo de mi vida a muchas personas, alumnos, padres, abuelos, amigos, enemigos, etc. he llegado a las siguientes conclusiones. Si creéis que me he dejado alguna en el tintero comentadme y seré feliz de incluirla (con el correspondiente crédito a su descubridor) en una edición posterior.
1) "La filosofía es demasiado difícil"
Es la razón más frecuente. Sin embargo, resulta curioso escuchar esto de personas que han estudiado carreras de una dificultad intrínseca mucho mayor que la de filosofía, como médicos, abogados o ingenieros. Creo que todos estamos de acuerdo en admitir que esas carreras tienen un grado de dificultad mucho mayor que la filosofía. ¿Qué resulta tan difícil de la filosofía? En mi opinión, el problema ha de ser analizado desde dos ángulos, mutuamente interrelacionados:
a) Palabras raras: la filosofía utiliza palabras raras. Eso es indudable. Solamente leyendo las entradas de abajo nos damos cuenta de que continuamente se utilizan palabras de más de tres sílabas, difíciles de memorizar e imposibles de escribir bien a la primera. ¿Por qué los filósofos se empeñan en inmolar su propia disciplina haciéndola tan inaccesible al profano, al lector no especializado? Debo confesaros que muchas veces la filosofía es también inaccesible al lector especializado, de tal manera que compartimos esta carga, hermanos. De todos modos, dejando de lado el hecho de que coincido plenamente con vosotros en que la filosofía es muchas veces deliberadamente oscura, otras veces no queda más remedio que inventarse palabras para nombrar conceptos nuevos o recién descubiertos. Esto tiene que ver con lo siguiente.
b) Conceptos demasiado abstractos: la filosofía utiliza conceptos abstractos de difícil comprensión que obligan al cerebro a funcionar a máximo rendimiento. ¿Por qué nos torturan los filósofos? Hay que tener en cuenta que la filosofía se mueve por el límite de lo pensable y lo que podemos conocer. Al habitar en ese reino tan poco estable, la filosofía está continuamente rozando lo irracional y lo absurdo. Cuando tratamos de pensar "qué es el ser" estamos llevando al lenguaje humano al límite. Al fin y al cabo, el lenguaje se hizo para la vida corriente y ordinaria, no para hablar del ser, el bien, el alma o Dios. Cuando los filósofos comienzan a levitar hacia esos cielos de la realidad el lenguaje pronto se queda corto para poder nombrar esos conceptos nuevos que se descubren. La abstracción es parte fundamental de la filosofía porque precisamente la filosofía busca penetrar el mundo de las apariencias en el que nos movemos habitualmente.
La dificultad de la filosofía estriba curiosamente en que es muy simple. "Simple" no es sinónimo de "fácil": lo simple es lo que consta de pocos elementos, lo fácil es lo que es de rápida comprensión o ejecución. La filosofía simplifica la realidad hasta sus últimos elementos. Y las cosas más simples no son siempre fáciles, de hecho, muchas veces no ofrecen solamente una solución, sino varias. Pongamos un ejemplo (que ya sabéis que me encantan): los puzles habituales, por muchas piezas que tengan y muy complicados que sean, solamente tienen una solución. Una vez hemos encontrado la solución y hemos terminado el puzle, deja de tener interés, pues ya está solucionado y terminado. No hay nada más que decir.
En filosofía el puzle es muy simple: imaginad dos piezas perfectamente cuadradas. No puede haber puzle más sencillo que ese ¿verdad? Y sin embargo, tiene múltiples soluciones: ¿cuáles son los lados que debo juntar? ¿Qué imagen quiero que quede al final? Entendemos que en un puzle así jamás se termina, sino que siempre es posible dar con una nueva interpretación y comenzar de nuevo. Lejos de aburrirnos esta tarea se vuelve interesante, pues cada vez aprendemos más del puzle y cada vez se nos ocurren maneras nuevas de combinar ambas piezas para dar resultados novedosos y creativos.
Lo que quiero decir con esto es que la filosofía es muy simple. No resulta nada complicado empezar a practicarla y, sin embargo, pronto nos vamos dando cuenta de que sus posibilidades son inagotables. Ahí estriba su dificultad, y su interés.
¡Vaya! No pensé que esta entrada diera para tanto. Me parece que tendré que dejar el resto de motivos para futuras entradas.
Os dejo por ahora.
¡Saludos filosóficos!
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